El marco legal que regula el cine, las series y la televisión en Europa está a examen. Tras su última actualización en 2018, la Comisión Europea prepara una nueva revisión de la Directiva de Servicios de Comunicación Audiovisual (DSCA), proceso en el que UGT Cultura ha participado de forma activa a través de las consultas públicas.
La realidad del mercado actual es radicalmente distinta a la de hace unos años: las plataformas de streaming se han consolidado como actores dominantes, la publicidad tradicional cae en picado y los equipos técnicos y artísticos sufren una precarización creciente.
Durante la reunión del comité ejecutivo de UNI MEI, celebrada en Bruselas, se analizó este escenario con representantes de la Comisión. Una cita en la que participó UGT Cultura, que suscribe el diagnóstico: la directiva sirvió en su momento, pero la realidad la ha superado. La solución no es desregular, sino adaptar las reglas para proteger la cultura europea y a quienes trabajan en ella.
Los aciertos: diversidad cultural y cuotas que funcionan
El balance de la normativa actual deja pilares valiosos que ambos sindicatos defienden conservar y reforzar:
- Las cuotas de catálogo europeo: Exigir un porcentaje de contenido comunitario ha demostrado ser útil. Ha garantizado volumen de trabajo y diversidad lingüística, dando voz a industrias audiovisuales pequeñas frente a las grandes producciones de fuera de la UE.
- Una regulación que no frena la innovación: La reforma de 2018 demostró que establecer normas no arruina el negocio, desmontando el viejo discurso corporativo de que legislar ahoga el mercado.
- Protección de la audiencia: Se han mantenido salvaguardas claras para proteger a la infancia y a la juventud, garantizar el pluralismo informativo y blindar la relevancia de los medios públicos.
Lo que hay que mejorar: las lagunas que ahogan al sector
Tanto UNI MEI como UGT Cultura coinciden en que la directiva ya no encaja con la forma en que se produce y consume contenido hoy en día. Urge abordar cuatro problemas evidentes:
1. Una competencia desleal de dos velocidades
Los operadores y televisiones tradicionales compiten con las manos atadas: tienen fuertes restricciones publicitarias y estrictas cargas de servicio público. En cambio, las grandes plataformas globales operan con exigencias mucho menores y sin una verdadera responsabilidad editorial. Es imprescindible igualar las reglas del juego.
2. Obligación real de invertir en producción propia
Tener cuotas de catálogo ya no es suficiente. Se debe exigir a las plataformas una inversión económica vinculante y directa en producciones locales y originales. La riqueza que genera el streaming en Europa debe reinvertirse en el propio tejido productivo europeo.
3. El gran olvido: la precariedad tras las cámaras
El cine y las series europeas deslumbran en festivales y alfombras rojas, pero ocultan una trastienda precaria. Los sindicatos denunciamos jornadas extenuantes de más de 60 horas semanales sin descanso adecuado, problemas de alojamiento para los equipos técnicos desplazados y situaciones de abuso en los rodajes. Europa no puede subvencionar ni otorgar su sello a ninguna producción que no cumpla convenios y condiciones de trabajo dignas.
4. Evitar fugas legales con normas digitales genéricas
Existe el peligro de que normativas digitales amplias, como la Ley de Servicios Digitales (DSA), sirvan de excusa para debilitar las obligaciones del sector. La directiva audiovisual debe mantenerse como norma de referencia para que ninguna plataforma esquive sus compromisos.
Sin miedo a abrir la directiva
Aunque parte de la industria teme reabrir la directiva por si se pierde terreno conquistado, UNI MEI y UGT Cultura rechazan el inmovilismo. El miedo no puede frenar las reformas. Actualizar las normas es la única manera de garantizar un audiovisual europeo fuerte, plural y, sobre todo, justo con quienes lo hacen posible.









