El controvertido despido de Maica García tras ser madre en el CN Sabadell

Maica García, referente absoluto del waterpolo e icono del CN Sabadell a lo largo de 32 años, ha padecido el lado más ingrato del ámbito deportivo. Su caso confirma que cosechar innumerables éxitos no ofrece protección alguna cuando se elige la maternidad.

A pesar de haber trabajado exhaustivamente para recuperar su rendimiento óptimo tras dar a luz a su hija y haber manifestado su intención explícita de seguir en el club, la institución en la que se formó rechazó brindarle apoyo o facilidades para su reincorporación a las piscinas. Su salida forzada representa una expulsión injusta y presuntamente ilegal, visibilizando cómo ciertas directivas desechan décadas de compromiso laboral en cuanto la maternidad entra en escena.

Una expulsión ilegal e injusta

Ganarlo todo no te protege si decides ser madre. Maica García, leyenda viva del waterpolo y figura clave del CN Sabadell durante 32 años, ha vivido en carne propia la cara más amarga del deporte. 

Tras dar a luz a su hija, la entidad en la que creció no la respaldó ni facilitó su vuelta a la piscina, aunque la atleta trabajó para recuperar su mejor nivel y manifestó su voluntad de continuar en el club. En su lugar, le mostró la puerta de salida. Una expulsión injusta, y probablemente ilegal, que demuestra cómo algunos equipos directivos borran años de entrega cuando entra en juego la maternidad.

Volver a competir al máximo nivel exige tiempo y cuidados, pero el club prefirió cortar por lo sano sin darle margen de maniobra. Sin espacio para negociar ni capacidad para decidir sobre su propia carrera, Maica sufrió episodios de ansiedad al ver cómo trataban de destruir su trayectoria y su proyección laboral. No es una simple baja deportiva: es un golpe directo a los derechos de las jugadoras cuando deciden formar una familia.

Desigualdades en la conciliación y en la continuidad de las carreras deportivas

Esta situación saca a la luz la enorme desigualdad que sufren las mujeres que trabajan en el deporte de alto nivel. Mientras los hombres concilian su paternidad sin poner en riesgo sus contratos, las mujeres afrontan una inseguridad constante por la ausencia de una regulación clara. 

El trato recibido por Maica vulnera la legislación sobre igualdad, ya que el Real Decreto 1006/1985 establece que, cuando una deportista profesional está embarazada durante el último año de contrato tiene derecho a ampliarlo un año mediante una prórroga automática. Una cuestión que deberá determinar la justicia y por la que la deportista ya ha anunciado que emprenderá acciones legales. El caso de Maica deja claro que, para muchas cúpulas directivas, la conciliación laboral sigue siendo una asignatura pendiente.

Por este motivo, desde UGT Deportes insistimos: son imprescindibles derechos y políticas laborales de conciliación y corresponsabilidad para hablar de igualdad real y efectiva. Sin ellos, la decisión de ser madre queda supeditada a las eventuales consecuencias negativas que la maternidad pueda acarrear. En muchos casos, la continuidad y proyección de la vida profesional de las mujeres deportistas se pone seriamente en riesgo cuando deciden formar una familia.

Una luchadora incansable

Pero la ilusión de una campeona olímpica no se frena tan fácil. Pese al castigo sufrido, Maica sigue con la mirada puesta en competir al más alto nivel y sueña con ganar una nueva medalla en los Juegos de Los Ángeles con su hija viéndola desde la grada. Sin embargo, el daño profesional y personal ya está hecho. La actuación de la directiva del antiguo club de esta deportista marca además un precedente muy peligroso para cualquier trabajadora del sector deportivo.

En UGT Deportes denunciamos firmemente este despido encubierto. Al decidir formar una familia, las deportistas pasan a ser tratadas por el deporte profesional como elementos prescindibles, considerándolas activos sustituibles en cuanto la maternidad altera temporalmente su disponibilidad o rendimiento. No podemos tolerar que ser madre suponga esta automática devaluación laboral ni que las atletas sean descartadas. Respaldar a las grandes profesionales como Maica significa defender el derecho fundamental de cualquier jugadora a la maternidad sin el riesgo de perder su empleo ni ver destruida su carrera.