La inteligencia artificial avanza, pero no todas las personas pueden acceder a ella ni aprovechar sus posibilidades en igualdad de condiciones. Esta es una de las principales conclusiones del primer estudio sobre la brecha digital provocada por la IA desde una perspectiva sociolaboral, un análisis pionero elaborado por UGT para conocer cómo se utiliza esta tecnología, especialmente en el ámbito laboral.
Los resultados reorientan el debate social sobre el desarrollo y la implantación de la inteligencia artificial. Mientras la discusión pública se concentra en sus límites, la necesidad de supervisión o las carencias de la regulación, los datos revelan una realidad menos visible: en España, más de 23 millones de personas nunca utilizan la IA. Esto significa que más del 60% de la ciudadanía no ha accedido todavía a una tecnología llamada a transformar nuestra forma de vivir y trabajar.
Cerrar esta brecha debe convertirse en una prioridad para evitar que la expansión de la IA genere nuevas desigualdades o agrave las ya existentes. El estudio de UGT desmonta, además, algunas ideas extendidas sobre su implantación:
- El uso de la IA en el trabajo todavía no está generalizado: seis de cada diez personas ocupadas no utilizan estas herramientas. La mayoría de quienes sí recurren a ellas en nuestro país lo hace en el ámbito privado, principalmente para realizar consultas rápidas o experimentar con sus posibilidades.
- Las personas que no emplean la IA señalan tres motivos principales: la falta de necesidad percibida, la inseguridad y la insuficiencia de conocimientos o competencias. Buena parte de la población que podría beneficiarse de estas herramientas desconoce todavía su funcionamiento porque nunca ha tenido la oportunidad de utilizarlas.
- El principal freno para su adopción es que muchas personas no consideran útil la inteligencia artificial. Por tanto, la barrera no parece encontrarse únicamente en la disponibilidad de dispositivos o en la complejidad técnica, puesto que el 94% de la población dispone de un teléfono inteligente.
- Otro obstáculo para extender su uso es la falta de una integración efectiva de la IA en la organización del trabajo. Solo el 21% de las empresas españolas ha incorporado estas herramientas, un porcentaje que desciende hasta el 13,4% entre las pymes.
La IA puede acelerar la brecha social y digital
El perfil medio de quien utiliza estas herramientas corresponde al de un hombre joven, con estudios superiores y un nivel elevado de ingresos. Actualmente, el porcentaje de uso entre las mujeres se sitúa cuatro puntos por debajo del registrado entre los hombres, que alcanza el 39,9%.
Las diferencias también son muy acusadas en función de la situación laboral. Cerca de ocho de cada diez estudiantes utilizan la IA, mientras que el porcentaje se reduce al 43% entre las personas ocupadas y al 30,5% entre quienes se encuentran en desempleo. Las cifras descienden todavía más entre las personas dedicadas a las labores del hogar, con un 8,2%, y las pensionistas, con un 8,3%.
Estos datos muestran que la inteligencia artificial no se está incorporando de manera homogénea a la sociedad. La edad, el género, la renta, el nivel educativo y la situación laboral condicionan el acceso a una tecnología que puede ofrecer nuevas oportunidades, pero también profundizar las desigualdades si no se adoptan medidas correctoras.
Las propuestas de UGT para cerrar la brecha
UGT considera necesario situar a las personas en el centro de la transformación tecnológica. Las políticas públicas y empresariales no pueden limitarse a invertir en equipos, redes o aplicaciones: deben priorizar la formación en competencias digitales y garantizar que toda la población trabajadora pueda comprender y utilizar la inteligencia artificial.
Por ello, proponemos la puesta en marcha de un Plan Nacional de Cualificación en Inteligencia Artificial que asegure el derecho a la formación continua dentro de la jornada laboral. La adquisición de estas competencias no puede depender de los recursos económicos, el tiempo libre o la iniciativa individual de cada persona trabajadora.
También reclamamos que la negociación colectiva desempeñe un papel central en la implantación de la IA en las empresas. Los convenios y acuerdos colectivos deben regular su introducción, garantizar la información y participación de las plantillas y proteger sus derechos frente a decisiones automatizadas que puedan afectar al empleo, las condiciones laborales o la organización del trabajo.
En definitiva, la inteligencia artificial debe contribuir al progreso social y a la mejora de las condiciones laborales. Para conseguirlo, su despliegue tiene que ir acompañado de formación accesible, participación sindical y mecanismos que impidan que una parte de la población quede al margen de la transformación tecnológica.









