El cine español está batiendo récords de producción en Europa, pero la realidad que proyectamos en las pantallas es muy diferente a la que vivimos en la calle. La publicación del Informe ODA 2026 (que analiza las películas y series de 2025) nos pone frente al espejo: la inclusión en nuestra industria audiovisual corre el riesgo de quedarse en una simple campaña de marketing. Desde el sector de la cultura de UGT lo tenemos claro: la visibilidad del colectivo LGTBIQA+, de las personas racializadas y de las personas con discapacidad no es una moda, sino una exigencia democrática y un derecho laboral.
Las cifras no engañan y nos dejan tres señales de alarma que no podemos ignorar:
- Poca presencia y muy concentrada: Las personas LGTBIQA+ solo representan el 10,07% de los personajes. Además, casi tres cuartas partes de las películas españolas siguen sin incluir ni un solo personaje del colectivo, concentrando la diversidad real en unos pocos títulos.
- Personajes planos y de «adorno»: El test de Vito Russo mide si un personaje es relevante para la historia o si solo está ahí como un estereotipo. Este aprobado en calidad ha caído en picado: del 59,75% en 2023 al 41,93% en 2025.
- El desplome de la realidad trans: La presencia de personajes trans ha caído a la mitad, representando solo el 0,6% del total. Los personajes no binarios también se han reducido a la mitad, haciendo que lo trans desaparezca de la ficción.

No podemos permitir que el cine y la televisión vivan al margen de los avances sociales de nuestro país. España cuenta con una legislación clara, como la Ley Trans y LGTBI o la Ley de Empleo, diseñadas para evitar que nadie sea excluido de la sociedad. Pero las leyes no se cumplen solas, y es ahí donde la acción colectiva se vuelve indispensable para vigilar que estos derechos se respeten en cada espacio de trabajo.
Aquí es donde entramos los sindicatos. Nuestra labor es llevar estas leyes a los convenios colectivos, a los rodajes, a las mesas de guión y a los castings. Batallamos para que la diversidad sea real detrás de las cámaras, garantizando entornos de trabajo seguros, sin acoso, sin precariedad y con salarios dignos para todos los profesionales, tengan la identidad que tengan.
Además, exigimos responsabilidad a las empresas del sector. No es de recibo que algunas comedias sigan utilizando dinero público o grandes plataformas para difundir bulos que dañan a las personas trans, escudándose en el humor para ridiculizar sus derechos. Este tipo de discursos reaccionarios en los medios no pueden normalizarse en una sociedad que defiende los valores democráticos.
Las historias que contamos importan y el informe también avisa de que nuestras series sufren de «desclasamiento»: se normaliza el lujo y casi nunca se habla de problemas de la clase trabajadora como el alquiler o la precariedad juvenil. Exigimos a las productoras y plataformas que dejen de tratar la inclusión como un favor de última hora. La cultura debe parecerse a la sociedad real y toca pasar de los discursos a los hechos, tanto delante como detrás de las cámaras.
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