Un reciente estudio académico titulado «Risks and Threats in the Journalism Profession in Spain: Stress and Its Prevalence Factors», publicado en la revista Anàlisi, ha puesto cifras a una realidad que desde UGT venimos denunciando años: la precariedad laboral en las redacciones está enfermando a nuestros profesionales. Esta investigación es de vital relevancia, ya que constituye el primer diagnóstico representativo y científicamente fiable sobre el estrés en el periodismo español. Los datos son demoledores: el 59,1% de los periodistas en España sufren estrés de manera frecuente o muy frecuente. Solo un escaso 15,7% afirma no padecerlo casi nunca, lo que confirma que el malestar psicosocial no es una excepción, sino la norma en el sector.
El estudio da la razón de forma contundente a la postura que defendemos desde el sindicato: el foco de este problema no es individual, sino estructural y laboral. Según los resultados, el nivel «meso» —es decir, el que atañe a las rutinas profesionales, las cargas de trabajo y la organización de las empresas— es el principal predictor de los factores estresores. Factores como el exceso de horas de trabajo semanales, la presión de los plazos de entrega (deadlines) y la influencia de las jefaturas editoriales son los que realmente disparan los niveles de ansiedad. Para UGT, esto es una prueba irrefutable de que la solución pasa necesariamente por la negociación colectiva y una regulación estricta de las condiciones de trabajo en los convenios.
Un punto crítico que destaca la investigación es el impacto tóxico de la digitalización descontrolada. El uso constante de aplicaciones de mensajería (WhatsApp, Telegram) para la producción de contenidos y la búsqueda de fuentes se identifica como un factor que eleva significativamente la prevalencia de estrés. La digitalización, lejos de facilitar la vida, ha traído dificultades para la desconexión digital y la exigencia de una disponibilidad constante. Desde la acción sindical, esto refuerza nuestra exigencia de incluir protocolos de desconexión real y protección frente a entornos digitales hostiles en todos los acuerdos laborales del sector.
La brecha de género también emerge como una señal de alarma que requiere medidas de igualdad urgentes. El informe revela una relación estadísticamente significativa entre el género y el estrés: un 42,2% de las mujeres periodistas sufren estrés máximo (muy frecuente), frente al 24,3% de sus compañeros varones. Esta vulnerabilidad no es casual; responde a una mayor exposición a los desafíos psicológicos de la profesión y a una precariedad que se ceba con ellas. Para UGT, estos datos validan la necesidad de que los planes de igualdad en las empresas de comunicación aborden de raíz los riesgos psicosociales desde una perspectiva de género.
Finalmente, el estudio señala algo que nos interpela directamente: la percepción de que las asociaciones profesionales no están siendo efectivas para mitigar este estrés. Esto subraya que no basta con recomendaciones éticas o guías de buenas prácticas; se requieren herramientas de protección jurídica y laboral. El estrés en el periodismo está directamente vinculado a las condiciones de trabajo y, por tanto, solo a través de la fuerza del sindicato y la negociación de convenios que limiten las jornadas y regulen las cargas podremos garantizar la sostenibilidad de una profesión fundamental para la democracia.









