El motor humano de la comunicación pública en España

La Unión Europea de Radiodifusión (EBU) ha lanzado su último informe 360° Value, y los datos dejan una conclusión clara: los medios de servicio público no son solo canales de televisión o radio, son el latido de nuestra democracia. En un momento donde el ruido y la desinformación parecen ganarlo todo, el servicio público en España, liderado por RTVE y la red de televisiones autonómicas, se mantiene como el puerto seguro donde la ciudadanía acude para entender el mundo.

Pero el verdadero corazón de este sistema son sus personas trabajadoras. Juntas, las organizaciones de la EBU forman la redacción más grande de Europa, con más de 42.000 periodistas dedicados a contar la verdad. Sin embargo, esta maquinaria no funcionaría sin sus equipos técnicos: ingenieros, realizadores, cámaras y especialistas que, codo con codo con los periodistas, suman una fuerza laboral que garantiza que la información llegue a cada hogar con la máxima calidad. Este compromiso humano se refleja también en una apuesta real por la igualdad: con un 45% de mujeres en plantilla y un 46% en puestos directivos, los medios públicos son hoy el espejo de una sociedad que busca ser más justa e integradora.

En el plano económico, el servicio público es el gran pulmón de la industria audiovisual española. No se trata solo de emitir, sino de crear: los medios públicos financian más del 31% de la producción de vídeo original en Europa, inyectando más de 22.000 millones de euros anuales en el sector. Para las productoras independientes de nuestro país, el apoyo de RTVE y las autonómicas es vital. De hecho, por cada euro invertido, se generan hasta 3 euros en la economía general, demostrando que la inversión pública es, en realidad, un motor de riqueza y empleo para miles de familias.

La confianza se gana con cercanía. Mientras las grandes plataformas internacionales apenas dedican un tercio de su catálogo al contenido europeo, los medios públicos en España se vuelcan con lo nuestro: el 92% de lo que emiten es producción propia o europea. Esto no solo protege nuestra identidad y diversidad lingüística, sino que asegura que nuestras historias tengan voz propia. Además, esta labor se hace mirando al futuro: el 82% de estas entidades ya aplica la Inteligencia Artificial de forma ética para derribar barreras, mejorando la accesibilidad para que todas las personas, sin excepción, puedan disfrutar de los contenidos.

Mantener esta estructura de calidad tiene un coste sorprendentemente bajo: apenas 11 céntimos al día por ciudadano. Por el precio de un café a la semana, las europeas y europeos cuentan con una industria audiovisual potente, una red de profesionales (periodistas y técnicos) de primer nivel y la garantía de que siempre habrá alguien al otro lado para informar con rigor.

Valorar lo público es, al final, asegurar que el derecho a saber y a sentirnos parte de una cultura compartida siga siendo de todos y todas.